martes, 24 de julio de 2007

La cartagena que yo conocí

Esta velocidad de vértigo con que se desarrollan los hechos en este país dejan poco espacio al raciocinio tranquilo, desprevenido y sosegado que se requiere para entender una realidad de contrastes como la de Cartagena (me refiero al documental de Pirry), que no es muy distinta a la realidad colombiana, si existe, porque cada vez se me hace mas ajena la “Colombia Caribe” de la “Colombia Andina”, donde salvo por la corrupción y la pobreza, cada vez existen menos coincidencias entre Pasto y Riohacha, por ejemplo. Por eso prefiero referirme a la “Colombia Caribe”

Esos contrastes cartageneros se perciben con solo salir a la calle, pero nunca como cuando se vive en ella. Contrastes que van desde la mas absurda miseria hasta los confines de la realeza. Porque hay que ver como en ninguna parte del país cuanto pesan en esta ciudad los vínculos familiares y el peso ancestral que tiene un apellido.

Sin uno preguntarlo es común ver a cualquier parroquiano, por humilde que sea, haciendo serias reseñas históricas para demostrar a como dé lugar, su más rancio abolengo.

Pero como todo lo contradictorio que pueda parecer al visitante desprevenido, es absurdo encontrar exposiciones más curiosas que las fotografías expuestas en la Gobernación de Bolívar. En estas no se consigue alguien negro. Será una casualidad? o será que esa tendencia racista y excluyente que practican hasta los grupos más excluidos de la sociedad, tal vez como un equivocado mecanismo de defensa aprendido históricamente para intentar escapar de sus efectos y consiguiendo todo lo contrario, logra que se denigre aún más una raza que no logra para si misma el respeto que merece.

Es irónico encontrar que en una ciudad (o serán dos?) mayoritariamente negra, que a los mejores exponentes de la raza no se les permita ingresar a las discotecas en la calle del Arsenal ( le sucedió a un Gobernador del Choco que con su esposa se encontraban de vacaciones y quisieron ingresar a La Carbonera) y quienes deben cumplir este mecanismo de segregación son precisamente negros contratados para controlar el ingreso y legitimar con su actitud cómplice el mas asqueroso racismo. Y auque esto pudiera parecer contradictorio, no lo es, porque es desde las entrañas de la misma raza o grupo discriminado donde se alimenta y repito, legitima con su tolerancia y aceptación sumisa, tan reprochable comportamiento.

En Barranquilla (porque el asunto no es exclusivo de Cartagena) alguna vez durante un proceso de selección en el que participaba como una de las instancias de reclutamiento, entreviste a una hermosa exponente de la raza negra con una actitud altiva y cariñosa, una expresión verbal un poco diferente a la del medio, pero que cumplía con los requisitos de formación y experiencia que el cargo al cual aspiraba, exigía.

Me sorprende hoy recordar que fue la instancia más afín (según color de piel y género) a ella quien precisamente la descartó desde antes de entrevistarla, por el solo hecho de ser…adivinen que? mejor? Hermosa? Alta? Bajita? Casada? Soltera? No… por negra ¡!

Hay que decir, en aras de la equidad que Cartagena (como esta Colombia Caribe) es también un lugar donde como pocos se puede encontrar calor humano, amistad y cariño desinteresado. Es un pedacito del Caribe donde convergen las más bellas expresiones del arte inspiradas seguramente por esa belleza impactante que tienen sus playas y sus edificaciones antiguas, que despiertan las más maravillosas expresiones de afecto.

Quien ha pasado un fin de semana con una pareja de ensueño, enamorado casi hasta el borde de la locura y con paseo en coche incluido, sabe de qué estoy hablando. Qué decir de ese ritual que pone a prueba el estado físico y el erotismo, llamado “champeta” cuando se baila aferrado a la cadera de una cartagenera que la sabe bailar, se disipa de la mente esa imagen marginal que teníamos, por otra perturbadora que te roba por siempre la calma, tanto que bailar adquiere un nuevo significado, o quizás su verdadero significado en un torrente de movimientos en los que el instinto y la naturaleza Caribe toman el control y te sientes más Caribe que nunca o tal vez por primera vez…..

Cartagena tiene la facultad de despertar nuestros mas bellos e íntimos sentimientos y grabarlos como un tatuaje indeleble en nuestra memoria ubicándolas en un lugar sin coordenadas porque no existe geográficamente, pero al que podemos escapar cuando necesitamos reencontrarnos, con ese ser contradictorio, fantasioso, romántico y sobre todo auténtico que todos llevamos dentro.

2 comentarios:

Juan Ensuncho Bárcena dijo...

Buen artículo. Comparto lo que dices. Para mí la realidad social de Cartagena es lacerante, dolorosa, cruel... como una llaga abierta que nadie quisiera curar. Abrazos.

Joe Silverio Pérez Alvarez dijo...

Leo, creo que te equivocaste de vocación, deberías ser escritor, hermano excelente articulo, es muy cierto que cuándo uno está en Cartagena gozando de sus partes bellas, se le envenena el alma de emoción y sentimientos encontrados nunca antes sentidos, pero al ver esa cruda realidad que padece la gran mayoría de Cartageneros, es alarmante. Sería bueno que los Cartageneros del común no solo pensaran en el Perreo y golpeteo y se preocuparan por ayudar en mejorar y recuperar esa Cartagena espléndida y Hermosa