viernes, 14 de septiembre de 2007

¿Quien es tu verdadero amor ?

Escribir lo que se piensa es lo mas parecido a pensar en voz alta y las cosas que se escriben para quienes creen conocernos pueden resultar muy extrañas.

Alguien se comunico en estos días con una emisora y contó estar viviendo hace algún tiempo en España. Expresó con una alta dosis de nostalgia y especulo que con cara de circunstancia, que solo hasta ahora descubrió que mientras estuvo en Colombia, era feliz.

Esa nostalgia de tiempos pasados y no suficientemente valorados es lo mas parecido a decir que nos enteramos de lo bueno que teníamos cuando ya no estaba, muy propio de la condición humana.

Cuando se habla de amor, hablamos de movimientos telúricos, dificultad para respirar, mariposas en el estomago y otras sintomatologías que intentan explicar lo inexplicable. La mayoría no logramos reflejar lo que en esencia somos por conveniencia practica o incapacidad y nos llenamos frente al amor de lugares comunes: vivir sin ti no puedo, donde te habías metido el resto de mi vida, bla, bla, bla, etc. Y cuando el amor se acaba nos llegan como anillo al dedo letras como las de Arjona: se nos muere el amor, tiene fiebre de frió, se nos cayo de la cama, cuando lo empujo el hastió, esta enfermo de muerte, el mismo que era tan fuerte, tiene anemia de besos, tiene cáncer de olvido y por si fuera poco, tiene ganar de morir…

No pretendo referirme a ese amor de ostentar, esa especie de “strip tease” emocional que solemos hacer para demostrar y demostrarnos que somos capaces de amar, porque resulta inconcebible no hacerlo, tanto como no ser feliz. Que también se convirtió en una obligación, nadie quiere a los melancólicos y depresivos, debe ser por eso que casi no existen, es decir, no se dejan ver en público.

En definitiva no me refiero a ese tipo de amor, me refiero a esa introspección de sentimientos que sucede cuando estamos acompañados solo de nuestra conciencia y nos liberamos de expresiones convenientes que de tanto practicarlas llegamos a considerarlas reales, como les pasa a los mitómanos.

Una vez liberados de cualquier rezago histriónico y del menor atisbo de soberbia entendemos el verdadero amor, libre de conveniencias y consecuencias y podemos sorprendernos con los destinatarios más inusitados, porque lo autentico paso de moda y puede llegar a ser hasta extravagante, quien lo creyera.

Resultamos entonces enamorados de las personas mas insospechadas, pero sinceramente, como solo puede serlo el amor por nuestra familia, el único capaz de sobrevivir a cualquier embate del destino; enamorados de seres maravillosos que dejamos partir por razones tan absurdas que solo pueden ser explicadas con esa insólita cobardía que nos impide ser felices, como debe ser: para nosotros mismos. Porque nos dedicamos a aparentar ser felices para los demás, adaptando esa felicidad a otros patrones que no siempre compartimos. Pero es que no se puede ser nada en la vida sin el reconocimiento ajeno. Que cosa mas absurda!

Ese verdadero amor entiendo yo (reconociendo humildemente no ser un experto en la materia) es aquella determinación espontánea que te impulsa a procurar bienestar y felicidad en alguien que no eres tu, sin esperar nada a cambio; cuando estas dispuesto a sacrificar incluso su compañía con la sola ilusión de que le vaya bien, incluso si se va con otro. Algo tan altruista puede resultar hasta incomprensible en la naturaleza humana, de talante individual y egoísta, pero existe, la historia esta llena de ejemplos en los que personas superaron e incluso contradijeron a sus propios instintos de supervivencia y dieron la vida por salvar la de un ser amado, no hay mayor demostración que esa. Si descontamos de esas historias las que involucraban padres, abuelos, hijos y hermanos supongo quedarían algunas entre hombres y mujeres. (Hay quienes insisten en que solo se ama cuando se es padre)

Sin embargo los avances de la ciencia pretenden explicar muchos fenómenos y conductas que hasta ahora describimos con versiones sobrenaturales que solo pueden ser capturadas a través de la poesía. Pero los científicos en un arrebato despiadado de pragmatismo reducen el amor a una simple reacción química de feromonas que dispersamos en el aire y se revierten en galanteo y arrastre de ala.

Mi índole pragmática me incita a compartir estas teorías, pero me resisto, porque tendría que reconsiderar las relaciones humanas como simples conspiraciones calculadas y aburridas de estrategias biológicas consistentes en construir distracciones seductoras con calendario en mano para establecer “fechas hormonales” convenientes alrededor de la ovulación para aumentar la viabilidad de nuestras intensiones, no solo amorosas. Ya imagino las solicitudes de aumento, de préstamos, la confesión de faltas dirigidas a mujeres, basadas más en la condición fisiológica que en la solución de apremios emocionales. Que podría ser mas aburrido?

Prefiero seguir pensando y creyendo en la ansiedad, que evidencian los cambios en el ritmo de la respiración, en el brillo de los ojos y en las aventuras cursis a que nos puede llevar la angustia por expresar los sentimientos que llevamos dentro y que requieren con urgencia ser notificados y sobretodo, correspondidos……