miércoles, 3 de septiembre de 2008

Celos, malditos celos ...

Es una expresión psíquica que normalmente no obedece a un hecho cierto que lo justifique. No sé que dirán los expertos en comportamiento humano (si es que tal cosa existe) sobre esta alteración del equilibrio emocional. Se me antoja ridículo que un ser humano pierda el control y experimente incluso a nivel físico perturbaciones propias del temor o estrés que sentimos al ver amenazada nuestra integridad misma. Y digo que físicamente porque me ha pasado que he experimentado perdida del sueño, perdida del ritmo habitual de respiración y unos niveles de ansiedad e impotencia comparables a los que sentí la última vez que me atracaron, hace ya varios años.
Sera acaso que en nuestro proceso evolutivo incorporamos los celos como una forma irracional que sirve de excusa para defender lo que consideramos nuestro?
Es aquí donde empiezo a relacionar los celos con el egoísmo y con alguna extraña mutación genética, una especie de degeneración en la raza humana (presumiblemente racional) que nos impulsa a cometer grandes estupideces. Lo más serio de los celos es que tal vez en un 99% son injustificados, es decir, que solo ocurre en nuestra mente cuando esta construye unos libretos perversos con asombrosa exactitud de tiempo, modo y lugar respecto de situaciones y eventos que nunca suceden.
Todo por esa extraña manía del ser humano que con una constancia envidiable para cualquier rol de nuestras vidas, insiste en ser infeliz. Si fuéramos así de constantes para trabajar en nuestras metas, no habría imposibles.

Son los celos entonces una expresión de arrogancia que pretende demostrar propiedad sobre otro ser humano y sus sentimientos. Celar y además encontrarlo coherente es como justificar la esclavitud.
O como justificar que otro ser humano con absoluta libertad, autodeterminación y criterios propios no pueda tener la oportunidad de encontrar a otros seres humanos en las mismas condiciones para construir una relación mejor de la que tiene con el celoso por culpa precisamente de los celos, sin que por eso sintamos culpa alguna.
Una canción asegura que los celos son mitad falta de sesos y mitad inseguridad y eso resume en forma práctica lo que sucede cuando los sentimos.
Pero omite a mi juicio el elemento más importante que contiene la experiencia celosa: el orgullo; por alguna extraña razón asociamos el abordaje de alguien a nuestra pareja (o al revés) o lo que es peor una película de ficción recreada en nuestro cerebro, con algún tipo de discapacidad o incapacidad nuestra, siendo que en realidad la mayoría de las veces se trata de una discapacidad o incapacidad de la persona objeto de los celos para mantener su atención en una sola persona, es decir, que no tiene nada que ver con nosotros el hecho de que se fijen en alguien más. Pero lo convertimos en todo un delirio como el que experimentamos cuando perdemos la conciencia (locura)
El desgaste que producen los celos en el cerebro de los celosos tiene una magnitud suficiente para considerarlo un problema de salud pública. El celoso permanece rumiando el mismo pensamiento todo un día (en algunos casos semanas o meses) y mientras, distrae su atención de lo importante, porque este esfuerzo no resuelve el hecho, considerando que estén justificados.
Un elemento muy frecuente en el comportamiento humano es la proyección, algo así como ver en los demás lo que nosotros mismos somos. Querrá decir acaso que la desconfianza patológica del celoso es una prueba de lo poco confiable que es?
O de lo humanos que somos….no podríamos ser peores que eso….

1 comentario:

Dina Luz Pardo dijo...

Evidentemente... debe estar enferma una persona para actuar de forma tan impulsiva.

sin embargo el celo como tal, es algo natural, en los animales se da, para la defensa de su cachorro o cuando se quire procrear.

Pero al que te refieres, fuchi...fuchi... hay que apartarlo o sino termina la persona hacièndose daño y lastimando al otro: creo que aqui màs que celo es inseguridad.

Felicitaciones. Buen artìculo.